Las vidas normales también son bonitas
- Sarhue Guerrero
- hace 6 días
- 3 min de lectura
Hace poco me encontré pensando en las reglas que utilizamos para medir una vida. No las reglas oficiales ni las que aparecen en ningún libro, sino esas reglas invisibles que usamos todos los días sin darnos cuenta. Porque cuando intentamos determinar si nos está yendo bien, si somos felices o si hemos avanzado lo suficiente, inevitablemente necesitamos alguna referencia para compararnos.
Hoy tenemos acceso a más vidas que nunca. O al menos a más fragmentos de ellas. Podemos abrir una aplicación y, en cuestión de segundos, ver a alguien celebrando una promocion en su trabajo, viajando a otro país, mudándose a la casa de sus sueños, enamorándose, casansdose,teniendo hijos, comprando un perrito, comprando su primera chanel (y bueno ya no dare mas ejemplos porque creo que quedo claro XD) , el punto es que estan cumpliendo una meta importante.(OJO) No hay nada malo en eso, de hecho, en la mayoria de los casos resulta inspirador y hasta tiene la capacidad de contagiarnos de alegria. Nos recuerda que existen posibilidades que quizá no habíamos considerado y nos invita a imaginar futuros distintos para nosotros mismos.

Sin embargo, a veces olvidamos algo importante: no estamos observando vidas completas. Estamos observando fragmentos. Y muchas veces, los fragmentos más extraordinarios.
Después de ver suficientes momentos así, es fácil comenzar a utilizarlos como referencia para medir nuestra propia realidad. Sin darnos cuenta, empezamos a evaluar qué tan exitosos somos, qué tan felices parecemos, qué tan lejos hemos llegado o incluso qué tan valiosa es nuestra vida utilizando una regla construida a partir de excepciones.
Y bajo esa medida, una tarde tranquila puede parecer insuficiente. Una rutina puede sentirse aburrida. Un proceso largo puede parecer un retraso. Incluso una vida perfectamente normal puede llegar a sentirse decepcionante, no porque realmente lo sea, sino porque está siendo comparada con una colección de momentos extraordinarios cuidadosamente seleccionados.
Quizá por eso vale la pena recordar que ninguna vida ocurre únicamente en sus mejores momentos. Ni siquiera aquellas que admiramos. Todas las vidas están hechas también de esperas, conversaciones, dudas, intentos, pequeños avances y días en los que aparentemente no sucede nada especial.
Lo curioso es que muchas de las cosas que terminan dando forma a una vida ocurren precisamente ahí. Las amistades se construyen en conversaciones cotidianas. Los proyectos crecen en días repetidos. Las relaciones se fortalecen en la constancia. Los cambios importantes suelen comenzar mucho antes de que exista algo que fotografiar o compartir y otros ocurren a niveles infotografiables, como el alma.

Tal vez por eso me gusta pensar que la belleza no siempre llega vestida de gran acontecimiento. A veces aparece en forma de un cafecito compartido, una conversación ligera que nos recarga o una muy profunda que nos hace mirar hacia adentro, una tarde tranquila en casa o un momento de calma en medio de una semana difícil. Son cosas que rara vez se vuelven memorables para los demás, pero que muchas veces terminan siendo profundamente significativas para quien las vive...
Ojalá nunca dejemos de soñar, de aspirar o de construir la vida que deseamos. Pero ojalá que tampoco perdamos la capacidad de reconocer la belleza que existe en el lugar donde estamos hoy. Porque una vida no se vuelve valiosa únicamente cuando ocurre algo extraordinario.
Y porque, aunque a veces se nos olvide, las vidas normales también son bonitas.
Con amor siempre, Yo me cielo



Comentarios