top of page

“Hay años que son para brillar y otros que son para iluminarnos por dentro”

Esta frase me golpeó como un rayo mientras escuchaba, casi por casualidad, un episodio de uno de mis podcasts favoritos, Se Regalan Dudas (seguro lo conocen y, si no, se los recomiendo).


Lo más cercano a abrir mi alma y mostrarles todo lo que viví este año, ya fuera como protagonista de mi propia historia o como personaje de reparto en la de algunos de mis afectos, es esta, escribiendo y tratando de explicar por qué esas palabras me tocaron tan profundo el corazón.



Este año, definitivamente, no fue mi año para brillar.

La vida me sorprendió con sismos emocionales desde febrero: situaciones legales y políticas que me desestabilizaron a mí, a mi entorno, a mis sueños y a mis ganas de cumplirlos. La incertidumbre se abrió paso como una plaga y fue contagiando cada parte de mí. Entré y salí de huecos emocionales como quien entra a un supermercado: a comprar pan, leche, frutas…


En paralelo, personas que amo estaban navegando sus propias tormentas. Algunas parecidas a las mías, pero con llegadas a puertos distintos. Otras completamente opuestas, pero igual de intensas. De alguna manera, nuestros vientos se entrelazaban.


Tuve que aprender a cargar mi propio dolor mientras intentaba, por amor, ayudar a cargar el de los demás. Me dolía yo, y me dolían ellos. Hacia mucho que no sentía el corazón y el alma tan pesados.

Me despedí físicamente de amistades que pensé que estarían conmigo siempre. Hoy seguimos navegando esta nueva realidad: ellas no estaban preparadas para zarpar, y yo no estaba preparada para extrañarlas ni para sumar más nombres a mi larga lista de afectos a la distancia.


Toda esta carga, sumada a las adversidades normales de la vida, me arrebató mi tesoro más valioso. Ese que me había tomado años desenterrar dentro de mí: mi paz.


Y aunque me encantaría quedarme solo en lo luminoso (porque sí, hubo muchas cosas hermosas) siento que esas luces fueron precisamente lo que me sostuvo en medio de la oscuridad. Los momentos que comparti fisicamente y ahora digital con las amigas que despedí), las amigas que no se fueron y con quienes vivi cosas hermosas, Las visitas que me recargaron y me hicieron doler las mejillas de tanto reír. El descubrir una nueva forma de pasión y calma en la cerámica. Las oportunidades laborales que tocaron mi puerta. Los conciertos, los encuentros, las experiencias absurdamente maravillosas que, como en las películas, solo se viven en esta ciudad caóticamente especial.


Todo eso no fue brillo hacia afuera.

Fue lo que me ilumino por dentro y me sostuvo en este tiempo de oscuridad…



Si alguna vez te preguntaste (aunque probablemente no, pero por si acaso) qué pasaba conmigo, la verdad es esta: estaba peleando mis propias batallas. Y aún lo estoy.

La diferencia es que hoy puedo usar todo lo vivido como gasolina para la vida que todavía me toca vivir.


Si llegaste hasta aquí gracias, tal vez al leer te sentiste tan acompañada como yo al escribir.


Con amor siempre,

Yo me cielo.

 
 
 

1 comentario


leiviroa24
21 dic 2025

Que profundo, pudiese decir que parte de el, esta escrito para mí.. me arrebataron lo más valioso que uno como hija tiene en la vida , la vida de mi mamita, un año estremecedor desde diciembre del 2024, justo 1 año y desodorante ahí mi vida empezaba a cambiar para siempre, a conjugar verbos en pasado , en ausencias.. mi alma grita de dolor y mi corazón sangra! Abrazos Yomecielo, eres Luz

Me gusta

Suscribete

  • Instagram

©2020 por Yo me cielo. Creada con Wix.com

bottom of page